MEMORIAS DE GETXO

jueves, 16 de noviembre de 2017

LAS CÉDULAS PERSONALES EN GETXO



Padrones de Vecindad, Cédulas de Vecindad, Cédulas personales, muchos nombres para casi una sola finalidad, mantener controlados a los ciudadanos: los primeros aparecen por vez primera en la legislación general de régimen local, en un Decreto del 3 de febrero de 1823. Eran utilizados como medios de control para policía y reparto de contribuciones y cargas. Las Cédulas de Vecindad vinieron a sustituir a los pasaportes que hasta 1854 eran necesarios para circular por todo el territorio del estado, en ellas se recogían toda clase de datos relativos a los vecinos (nombre y apellidos paterno y materno, estado, profesión, domicilio, provincia a que se pertenecía); las cédulas de vecindad, por la Ley de Presupuestos de 8 de junio de 1870, fueron convertidas en un impuesto con el nombre de cédulas de empadronamiento, que más tarde en 1872, por una Ley de Presupuestos, pasaron a ser gratuitas, solo estaban exentos de su aplicación los pobres de solemnidad, los peregrinos, menores de catorce años, las religiosas profesas, los penados y las viudas siempre que su pensión no excediera los 1.500 reales. Por un Decreto junio de 1874 pasaron a ser denominadas “Cédulas Personales”. Las “Cédulas Personales” eran un medio que según algunos servía para identificar a los habitantes y para controlar sus obligaciones con hacienda.

En algunas latitudes lejanas, como Filipinas, que en su día estuvieron bajo la corona española, en 1894 las describían así: “...Dáse el nombre de cédula personal al documento que la Administración y con arreglo a la fortuna o sueldo, entrega mediante pago correspondiente, a los tributantes, para que puedan identificar su personalidad...”


De la elaboración de las mismas se tiene conocimiento en Bizkaia, a través de los documentos existentes: En primer lugar a partir de una circular emitida en 1872 por el “Caballero Corregidor del Señorío de Vizcaya” D. Juan Jauregui. En ella informaba que: “...Con fecha 17 de febrero de 1872, el Iltmo. Sr. Director de General de Contribuciones me dice lo siguiente: Se ha dispuesto quede en suspenso la Real resolución por la que se obligó a los habitantes de las Provincias Vascongadas a proveerse de la oportuna Cédula de vecindad...”


En nuestro entorno, decir que: a finales de octubre de 1878 el consistorio getxotarra trataba el tema de las “Cedulas Personales”, y lo hacía anunciando la distribución de las mismas y los días en que se iban a expedir. Era algo que ya desde hacía años se venía realizando de forma anual. Cada vecino tenía una, eran de diferentes clases, dependiendo de la riqueza contributiva y económica de sus propietarios, y de su relevancia social, por lo que se establecieron varias categorías.


Y a pesar de que en 1872 se publicó una circular del “Caballero Corregidor del Señorío”, en la cual se decía: “...quede en suspenso la Real resolución por la que se obligó a las habitantes de las provincias Vascongadas a proveerse de la oportuna Cedula de vecindad...” Volverían a ser utilizadas, prueba de ello es el documento de segunda clase que acompaño, de 1900, que estaba a nombre la vecina de Algorta Dña. Maria Landarte, cuyo visado realizaba el encargado del negociado D. Emilio Saliquet.


Las Cédulas Personales se expedían todos los años. Cada vecino tenía una, y eran de varias clases, dependiendo de la riqueza contributiva y económica de sus propietarios y de su relevancia social. Por ello se puede afirmar que las mismas tenían claras implicaciones de tipo impositivo y socio-económico, así como político y jurídico. Eran a su vez utilizadas como documentos identificativos, que había que presentar a las autoridades en procesos legales, testamentarios, o de carácter legal y jurídico.

Buena prueba de ello son los datos que se recogían en el llamado “Padrón de los individuos sujetos a impuestos de cédulas Personales” de los años 1885 a 1900. En ellas se recogía, además de los datos personales (Nombre y apellidos, domicilio, estado civil y profesión), otro datos relativos a la contribución directa que debía de abonar, el lugar donde prestaba sus servicios, los alquileres que pagaba, la clase de cédula que tenía y el importe del recargo municipal.


En el ejercicio económico de 1885 a 1886 se aplicaban 11 clases de cédulas, a personas de ambos sexos, que eran asignadas a empleados públicos o particulares (18 personas), inquilinos (618), individuos no cabeza de familia (933) y finalmente a jornaleros y sirvientes (98). Las categorías de cédulas aplicadas iban desde la de 6ª clase a las de 11ª clase, siendo las más numerosas estas últimas que suponían 1235 sobre un total de 1667 cédulas. 


El listado iba por calles, y estaba encabezado en la calle Tetuán (actual Avda, Basagoiti) por Dña. Francisca Aizterola de 20 años, también aparecía la figura del farmacéutico en la persona de D. Cándido Zugazagoitia que tenía 35 años; la calle Carretera la encabezaba Dña. Dominga Eguzquiza de 60 años y el panadero D. Maximo Llantada de 41 años; la de la calle Alangüetas lo era por D. Manuela Urrutia de 58 años; la de Las Arenas lo era por Dña. Daría Fernández de 23 años y la de Santa Maria por D. José Uriarte de 68 años. Respecto de personas de renombre, por su profesión, cabe mencionar a D. Ciriaco de Menchaca (Maestro de Obras) que vivía en la calle Tetuán que tenía 44 años; la del médico D. Manuel Hormaechea de la calle Carretera de 40 años; la de los maestros de Las Arenas D. Juan Antonio Muñio de 55 y D. Joaquín Romance de 55 años; de ese mismo barrio aparecía el ingeniero D. Eduardo Aguirre Labroche de 48 años y sobre todo uno de los maestro que pasaría más tarde al callejero municipal D. Paulino Mendivil Otaolea de 27 años. De Santa María caben citar al sacerdote D. Justo Barrenechea de 47 años y a las maestras Dña. Teresa Ansorena de 56 años y Dña. Andresa Cortina de 20 años.

Respecto de los alquileres pagados, los precios iban desde 1 peseta que abonaba el carpintero D. Miguel Lejarza de Las Arenas, pasando por las 25 pesetas de Dña. Dominica Zalduondo de Santa María, las 75 pesetas del cantero D. Antonio Larrabeiti Larrazabal de Alangüetas, las 200 pesetas que pagaba D. Andrés Larrazabal Tellería de Las Arenas y a las 250 pesetas que pagaba el comerciante D. Manuel Zubiaga de la calle Tetuán de Algorta.


Entre las profesiones destacaban los labradores (de los 159 dedicados a esa profesión, 95 de ellos eran de Santa María); le seguían los marinos (37); a continuación iban los canteros (34); los carpinteros (34); los jornaleros (26); los comerciantes (15); albañiles (9); los maestros (8); panaderos (5); herreros (4). Le seguían otras profesiones, estas menos numerosas, como los zapateros (3), camineros (2), farmacéuticos y cocineros (1), barberos, sacristanes, pintores, cesteros, notarios, armeros, cocheros, mayorales, hojalateros, y 1 empleado de la empresa del tranvía.


Para el ejercicio 1896 a 1897 los alquileres habían subido, D. Andrés Larrazabal Tellería de Las Arenas que en 1886 pagaba 200 pesetas, había visto subir su alquiler a 248 pesetas. Pasados otros 10 años nuevos vecinos habían llegado al pueblo, en Las Arenas estaba la fondista Dña. Felipa Bustingorri que instalada en la calle Barria, pagaba por su alquiler 280 pesetas; en la Vega de Santa Eugenia tenía su vivienda, la Luiandesa Dña. María Romo, por la que tan solo pagaba 50 pesetas; mientras que en la calle Carretera de Algorta el naviero D. José Ramón Uriarte pagaba 500 pesetas. La calle María Cristina de Las Arenas era otro lugar de alquileres altos, la familia de Dña. Aurora Zamacona pagaba 501 pesetas por su domicilio. Nuevas personas nos visitaban como el vecino de Wiesbaden D. Teodoro Serbold o la Strasburguesa Elisa Picquart, que vivieron en la calle Máximo Aguirre de Las Arenas, pero sus alquileres no aparecían en aquel listado. También lo hicieron otros llegados desde Navarrete (Logroño), como los Muro (Eusebio y Ángela) que se afincaron en la calle la Estación.

Todos los datos relativos a las Cédulas Personales están sacados de los padrones de los individuos sujetos a impuestos, durante los años 1885 a 1900, expedientes 2940-8, 2940-9 y 2940-10).


Hasta aquí un pequeño recorrido por lo que se dio en llamar las “Cédulas Personales”, que según se puede ver en el cuadro que acompaña de 1886, formaban parte del padrón de los individuos sujetos a impuestos.

lunes, 13 de noviembre de 2017

DE CAMINOS, VEGAS, OBRAS Y OTROS ACONTECERES DEL SIGLO XIX EN GETXO y -XII-



En esta entrada finaliza esta serie, en ella veremos, entre otras cosas, como se convocaban los plenos y recaudaban los arbitrios.

Según relataban en noviembre de 1873, la forma de convocatoria vecinal a los plenos se realizaba: “...previo aviso a los domicilios y a son de campana tañida en el salón de la casa Consistorial, según uso y costumbre foral...” Ya desde 1860 hasta 1928 las reuniones se celebraron en el Ayuntamiento situado en la Plaza de San Nikolas. Precisamente, y volviendo a las demandas de las fuerzas armadas, el 17 de noviembre del año 1873, el Consistorio trataba en un pleno sobre un oficio remitido por el Almacenero del distrito militar de Munguia, en el cual se indicaba: “...se ordena la remisión al mismo de 3.588 raciones de pan de primera, las cuales incluirán un cuartillo de vino y libra de carne; y para la caballería 1.816 libras de maíz, 450 libras de salvado, 73 arrobas de paja y 18 libras de velas…” El Ayuntamiento solicitaba que de las mismas fueran descontadas las: “...raciones suministradas en la última semana a la fuerza que ha permanecido en esta Anteiglesia...” Aquellas raciones habían sido suministradas por el Regidor D. Robustiano de Larrondo y el vecino de Getxo D. Juan José de Ibatao. No fue esta la única demanda de las partidas armadas, ya que el Comandante de Armas de Sondica exigía la entrega en Erandio de: “...240 reales y 16 celemines de habas y pienso de caballo para ocho días antes de las dos de la tarde de ese día...”

Los arbitrios era otra de las preocupaciones de nuestros ediles. Las condiciones de los remates en noviembre de 1873: “...de vinos, aguardientes, chacolis y otros líquidos, además de las carnes frescas, se realizaban en dos bodegas de la taberna de Echebarria en Las Arenas...” La graduación de los aguardientes quedaba al criterio de los vendedores, eso si, se advertía que: “...deben de ser de buena calidad, y no dañar la salud pública, no debiendo el aguardiente bajar de 19 grados. Siendo el precio base de partida de 78.000 reales...” Para el precio de la carne también se fijaba el precio de partida, el cual debía de ser de: “...como en el presente año, y también para el próximo durante todo el año, para veinte cuartos será de 24.000 reales...” Quedaba clara la intervención municipal en la fijación de precios.


Y la guerra seguía creando conflictos, que afectaban a ambas márgenes de la ría. El 11 de diciembre de 1873 llegaba una orden del Jefe de Distrito de Munguia D. Sebastián de Gorordo, por la que se hacía saber que: “...se prohíbe en absoluto el paso de la parte de acá de la ría a la de la rebelde Villa de Portugalete, al barquero D. Antonio de Mendieta...” Sin embargo el consistorio decidió que no entraba dentro sus atribuciones el establecer aquella prohibición, y echando balones fuera, dejaba al criterio del barquero la decisión. Otro de los asuntos afectados fue el correo, el administrador de la cartería de Munguia comunicaba que: “...desde ayer, desde Munguia se conduce el correo para Francia, Navarra, Álava y Guipuzcoa, pudiendo pasar una persona de su pueblo a recoger o llevar la correspondencia...”

Terminaba el año con la prohibición de extraer arenas y césped de la vegas, ya que según una queja presentada por D. José Ramón de Urresti, quedaban las vegas, al extraer la capa de césped, decía en la misma: “...se produce un daño notable a la propiedad comunal, en las arenas y vegas de esta jurisdicción, ya que algunos se dedican a arrancar el césped dejando el terreno estéril...” El Ayuntamiento acordaba la prohibición ya que se dañaban los pastos comunales.


En las próximas entradas continuaré con un paseo a lo largo del último cuarto del Siglo XIX, viendo algunos de los aconteceres de aquellos días, que a nuestros vecinos creaban no pocos sinsabores y a veces alguna alegría.

jueves, 9 de noviembre de 2017

UN DEPORTISTA DE SANTUKO



Un deportista de “Santuko”, Javier Hormaza Garay. Nace en el caserío de ese nombre en noviembre de 1944, hijo de José y Jesusa, el primero de Piñaga (Andra Marí) y la segunda de Galdakao. Algunos de sus recuerdos y algo de su vida deportiva es lo que voy a recoger en esta pincelada de su vida.

Santuko” estaba situado en la plaza de Alango (Algorta). En sus recuerdos de niñez describe la plaza como un espacio grande, cruzado por un camino de piedra, que servía para dar servicio a los comercios que había en esos años. En la parte superior de la plaza había una zona de hierba, que fue en la que dio sus primeros chuts a un balón, que como el dice: “…!el que podíamos encontrar!, porque en aquellos tiempos, hace más de 60 años, se jugaba con lo que se podía, incluso con pelotas de trapo y papel. Salvo algún privilegiado como Andoni Uribarri, que tenía un balón de los de reglamento. !No era fácil hacerse con un buen balón y aquel sí que era una gozada, era un esférico autentico! A él dedicábamos todo el tiempo que nos dejaban Amelia Bidegorri y Mari Andikoetxea, las de la Academia San Ignazio (Bidegorri). Esa fue mi primera escuela, hasta que con 14 años empecé a trabajar en la “Unquinesa”...”


En la fotografía superior podemos ver la plaza de Alango, Santuko era el tercer edificio empezando por la izquierda: “...Era una vivienda compartida, nosotros vivíamos en el lado de la derecha y a la izquierda vivían los Fullaondo. Debajo había dos chatarrerías, en la parte delantera estaba la de Pablín Deusto y en la parte trasera la chatarrería de Antonio y Clara, que era también su vivienda. Santuko estaba flanqueado, a su izquierda por la casa de los Uribarri y a su derecha por la Academia Bidegorri. Entre los comercios de la plaza de Alango estaba la tienda de D. Pablo, la carpintería de Bidegorri, la chatarrería de Pablín Deusto, y la de Antonio Lorenzo...” Finalmente aquella plaza se urbanizó y hoy tan solo queda un pequeño monolito en su recuerdo.

Javi, paso de jugar al balón, en los tiempos en que como palos de porterías se colocaban los jerséis, en las campas de Alango y Arkotxa, a la competición como deportista del balompié. Esta última campa estaba entre la “Casa Barco” y el “Convento de Las Adoratrices”: “...era una campa inclinada que, hasta tenía porterías...” (En ambas campas se celebraron torneos juveniles).


Sus primeros partidos los hizo como aficionado y más tarde como profesional. Algunos de los equipos que participaban en las competiciones de aficionados tenían nombres locales o alegóricos de la zona: “...Alango, Neguri, San Ignacio; Chupacharcos, este último del barrio de la humedad (Villamonte)...” Javi jugó en el Alango, en ese equipo jugaron entre otros: “...Manolo Fullaondo, Txomin Fullaondo, Antonio Ahedo “Panizo”, de portero Juantxu Azkorra, Ismael Moral (+) y su hermano Ignacio Moral “Paiño”, Alfonso Maguregui…, algunos de esos futbolistas aficionados pasamos a jugar en los juveniles del “Katipunan F.C.”...”

El “Katipunan F.C.”, fue un equipo que creó Javi González “Tatxinda” (el nombre venía de una hermandad revolucionaria Filipina que en 1892 contribuyó al final del Imperio español en Asia). Con él participamos en un torneo a nivel de Bizkaia organizado por el Athletic. En ese equipo había algunos jugadores que no eran de Algorta: “...El primer torneo celebrado en 1959 lo jugamos en los Salesianos de Deusto. Aquel año jugamos la final contras el Racing de Gobela (un equipo de Gaztelueta), que nos ganó por 3 a 0”…” Participamos en unos 7 u 8 partidos.


En la fotografía superior se puede ver a los componentes del equipo:

En la fila superior y de izquierda a derecha están: Ignacio Moral “Paiño”, Bolibar, Garay, Pérez, Asanza, Javi González “Tatxinda” e Iñaki Aresti (Portero).

En la fila inferior y de izquierda a derecha están: Javi Hormaza, Juan Artaloitia “El Mexicano”, Aburto, Alfonso Maguregui y “Erandio”.

Recordando ese torneo comenta Javi: “...De aquel torneo salieron jugadores del Athletic como Fidel Uriarte que jugaba en los “Boinas de Sestao” y Txutxi Aranguren que lo hacía en el “Portugalete”...”

Más tarde, en el año 1960, me llamaron para jugar en los juveniles del Athletic: “...pero yo dije que no quería saber nada, que quería jugar en el Getxo...” De 1960 a 1963 estuvo jugando como federado en el Getxo en juveniles en tercera división. El presidente del Club era Ángel Astorqui; en juveniles el primer entrenador fue Merodio, y de masajista Eduardo Martínez. En la fotografía inferior podemos ver al equipo del Getxo en tercera división, en la temporada 63-64, entre aquellos jugadores aparecen:


En la fila superior y de izquierda a derecha: Javi Etxebarria, “Mauri” (+), Salva (+), Katxas (+), Garay, Kike Madariaga (Portero).

En la fila inferior y de izquierda a derecha: “Justito”, “Menoyo” (+), Ibarra, Manchón y Javi Hormaza.

En el Getxo, Javi jugo durante tres años en juveniles y dos en tercera. Su primer gol en el equipo getxotarra lo metió: “...jugando contra el “Baskonia” en Basozelai…, allí empecé una racha de meter goles hasta que me lesioné jugando contra el “Rayo Cantabria” en el Sardinero en el año 1963, íbamos ganado por dos a cero, yo había metido los dos goles. Me lesioné y me llevaron al Hospital de Valdecilla en Santander...” De esos tiempos recuerda Javi: “...Que no pocas chuflas las corríamos en el Bar El Porrón de Villamonte, también solíamos caer por EL Bar la Marina de Telletxe...”

En mayo de 1965 ficha por el Athletic de Bilbao: “...Yo estaba trabajando en la Unquinesa y me vino a buscar Txano Echevarría, en un taxi con mi Aita. Me dijeron !Vístete que vamos a Bertendona, que vas a fichar por el Athletic!, eso fue tremendo para mi, el lunes fiché y el martes ya estaba jugando con el equipo rojiblanco...” Debutó en el Athletic el 28 de noviembre de 1965: “...Entonces estaba de presidente del club bibaíno D. Julio Eguskiza y como entrenador Antonio Barrios...” Su primer gol en el equipo bilbaíno fue en dicho año, jugando contra el Real Madrid, partido que finalizó con el tanteador 2 a 0 a favor del Athletic. Los goles fueron metidos, el primero por Fidel Uriarte y el segundo por Javi Hormaza: “...llevaba una racha el Athletic, de unos 8 partidos sin ganar al Real Madrid, y en aquel partido nos desquitamos...” En la fotografía superior podemos ver a Javi Hormaza, en aquel partido, en cuclillas sujetando el balón, debajo de Iribar. Javi jugó con el Athletic de Bilbao hasta 1970.


De sus días de gloria en el Club rojiblanco hablan titulares de prensa, como el del 30 de noviembre de 1965, en que en el diario “La Gaceta del Norte”, el comentarista deportivo “Joma” decía: “...ORMAZA, BIEN, y no le pongo “muy bien” para que no se enfade Gainza...”.

Posteriormente jugó en la “Agrupación Deportiva Ceuta”, durante dos años 1970-71 y 1971-72: “...fueron dos años estupendos, me encontré con una gente fabulosa…, En el club jugaba Javi Etxebarria, que fue suplente de Iribar, de portero; también estuvo Antón Azurmendi, un chico de Elorrio, que paso del Oviedo al Ceuta; al año siguiente vinieron Ituiño y Doro, que habían estado en el Bilbao Athletic...” Al fallecer el presidente del Ceuta decidió fichar por el Levante, equipo en el que estuvo una temporada 1972-73. La siguiente temporada 1973-74 ficho por el Tudelano.

En esa temporada (1974), cuando iba a cumplir 30 años, tuve que tomar la decisión más importante mi vida, pues mis hijos empezaban a la Ikastola de Algorta. Tenía propuestas de otros Clubs como el Salamanca, Girona, Cartagena, equipos que pagaban bien y ofrecían un buen contrato, pero para entonces ya tenía tres hijos, y tenía que ir yo solo. Así que junto con mi esposa Marieli adoptamos la decisión de dejar el fútbol.

Tenía 30 años y estaba en plena plenitud física: “...seguía yendo a San Mamés a ver jugar al Athletic, pasaba unas envidias tremendas al ver jugar a mis antiguos compañeros...” En el año 1975 empezó a jugar con los veteranos del Athlétic, jugó con ellos durante 10 años: “...hasta que un tirón fortísimo en los isquiotibiales me envió al dique seco...”

De los años de jugador en el Athletic conserva muchos recuerdos, uno de ellos ligado al Bar Gurugu y su entorno: “...Mi ama compraba la carne donde Lombera, y José Ignacio Isla (+) me dijo: Con cada gol que metas en el Athletic te regalo una chuleta de kilo. Aquel chuletón solía compartirlo con mi Aita en casa, las piezas eran de tal calibre que le dije !Dame dos más pequeñas! Hubo varios partidos en los que marqué dos goles, así que le dije que solo me enviara una...” El Gurugú era casi como su txoko particular, allí comentaban los partidos e incidencias del domingo.



Una de las cosas que recuerda, no sin cierto cansancio físico y hasta mental, son los desplazamientos “...Con el Getxo los más largos eran a Cantabria o a Reinosa, íbamos en los autobuses de “Mamba” de Las Arenas. Pero luego en primera, con el Athletic, !buff aquello si que era duro!, por ejemplo, para jugar en Sevilla teníamos que salir el viernes a las 9 de la mañana en autobús a Madrid, !entonces no había autopista (hace 50 años)!, parábamos a comer en Aranda de Duero, llegábamos a la capital el oso y el madroño a eso de las nueve de la noche. Allí, tras cenar un poco, cogíamos el coche cama dirección a Sevilla, y después de toda una noche de viaje, llegábamos el sábado por la mañana, habían trnscurrido casi 24 horas de viaje. Por la mañana entrenábamos hasta la hora de comer, un poco de siesta, cine, para luego ir pronto a la cama. El domingo por la mañana íbamos a misa !entonces era costumbre!, los partidos casi todos comenzaban entre las 16:30 y 16:45, al terminar cenábamos un poco y otra vez al coche cama. El lunes desembarcábamos en Madrid a primera hora, vuelta a coger el autobús y para Bilbao que nos dejaba en San Mamés. Luego yo tenía que coger el tren hasta Algorta. En aquella época no tenía coche, así que llegaba a casa baldado a las 9 de la noche ! Aquel viaje era toda una odisea!...”

Y como una de las anécdotas más agradables recuerda que: “...el primer viaje que hice con el Athletic en 1965, fue a Pontevedra. Allí jugamos contra el equipo local el partido de cuartos de final de Copa, a mi me tocó compartir habitación con Iribar. Aquel partido lo ganamos por 0-3. Durante mi vida deportiva en el Athletic, aunque sin jugar, estuve en tres finales, perdimos dos, una contra el Zaragoza en 1966 y otra contra el Valencia en 1967 y ganamos la de 1969, contra el Elche por 1-0, gol que metió Antón Arieta...”


Hasta aquí un pequeño recorrido por la vida deportiva de uno de los vecinos de Algorta, que pasó de un equipo juvenil, el Katipunan F.C. a lucir los colores del equipo rojiblanco, junto a viejas glorias como Iribar, Arieta, Argoitia, y Uriarte.

lunes, 6 de noviembre de 2017

EL CATAFALCO DE DIFUNTOS DE ÁNIMAS



El catafalco de “Difuntos de Animas” de Getxo era un mueble destinado a rezar por los difuntos, que en algunos lares llevaba dibujada la llamada “Danza de la Muerte”, representada en la parte superior por un esqueleto pintado portando una guadaña, y en el paño frontal una calavera con un bonete de tres picos. El túmulo iba cubierto por un manto de seda negra, armazón funerario que representaba el féretro de un difunto. Una vieja tradición del barrio de Getxo (Andra Mari), perdida y ya casi olvidada.

Pero antes de pasar a esta celebración, hacer un pequeño resumen de otras, anteriores:

Hay fiestas cuyo origen se remontan al origen de los tiempos, una de ellas es el “Día de difuntos”, también llamada popularmente como “Todos los Santos”. Las tradiciones ligadas a las misma llegan desde ceremonias de los druidas en tiempos anteriores al cristianismo. Muchas son las tradiciones que se celebraban en otros lugares, los celtas lo hacían al dios de los muertos llamado Samhain, fiesta que coincidía con el día primero de noviembre.

Pero no iremos hasta la época de las persecuciones de Diocleciano. Ni a los distintos cambios de fecha en su celebración, acaecida por primera vez, en tiempos del Abad del monasterio de Cluny (998 d.C.), que la instauró el 2 de noviembre para honrar a los difuntos. La fiesta de “Todos los Santos” en sus comienzos se celebraba en mayo, hasta que el Papa Gregorio-III la traslado al 1 de noviembre, fecha que ha venido celebrándose hasta nuestros días.


De sus costumbres nos llega como acto de ceremonial religioso-mundano, el acudir a los camposanto para adecentar las tumbas y llevar flores a los familiares fallecidos. Pero existen distintas formas de celebrar el día de difuntos con distintas tradiciones a lo largo del Pueblo Vasco. En la provincia de Bizkaia, en Beriz era costumbre colocar una calabaza, a la que se daba forma con ojos y boca, en la torre del campanario al anochecer. Esa costumbre estaba bastante extendida por toda la geografía vasca, y no pocos niños de los años 40-50 recordarán tradiciones similares.

Pero respecto de ceremonias, sobre todo religiosas, me gustaría recordar una tradición muy peculiar relacionada con los rituales de recuerdo a los difuntos, que como casi todas, por transmisión oral, me la ha contado un buen amigo, ya entrado en años, que la vivió. Esa celebración era un ritual que en los años 40-50 se realizaba en la Iglesia de Andra Mari de Getxo el día 2 de noviembre.


A la misa de difuntos, que se celebraba el día 2, acudían todos los feligreses de getxo (Andra Mari), siguiendo una costumbre que aún hoy se mantiene, los de la zona de arriba (Goierri) lo hacían por el pequeño pórtico que da al actual Batzoki, y los de la zona de abajo (Bearri) por el pórtico que da a la campa de la iglesia. Todas las señoras iban vestidas de negro, cubiertas con mantillas largas del mismo color; los señores con chaqueta y boina negra. Durante la misa de difuntos del mes de noviembre, misa mayor de las 10 de la mañana. Entonces las mujeres se colocaban en la parte trasera del templo, que era el lugar donde, en el XVIII estuvieron las sepulturas de los difuntos. Allí, guardando el mismo sitio que de forma oral se transmitía de padres a hijos, las etxekoandres colocaban un paño negro con cuatro candelabros en las cuatro puntas del paño. Familia y amigos acudían a las “sepulturas” y depositaban en los paños un puñado de monedas que después de contarlas las dejaban en el bonete que el párroco llevaba en una mano. El párroco rezaba “in situ” un Pater Noster por cada tantas pesetas. Después asperjaba con el hisopo en la falsa sepultura. Había un grupo de chirenes que decía invariablemente: “...Hoy en casa del párroco comen chuleta...”. También era tradicional colocar un enlutado catafalco, de forma rectangular, bajo el cual llevaba unas ruedas que permitían su desplazamiento. El túmulo iba cubierto por un manto de seda negra con diferentes grabados relacionados con la muerte, a ambos lados se alzaban unos imponentes candelabros (tres en cada lado); en su frente se colocaba un banco-sillón para tres en el que se sentaban los celebrantes. Este armazón era colocado en el pasillo central de la nave, frente al altar. Junto a él se cantaba el “Liberame Domine de viis inferni”.

En un momento de la ceremonia religiosa, los celebrantes, junto a los asistentes y los monaguillos salían por la puerta que da a la campa de la iglesia, por Bearri; se desplazaban en procesión hasta la parte posterior de la iglesia (detrás del altar mayor), junto a la calle Maidagan, allí, en el centro del la pared, en una hendidura de la misma, existía una especie de pequeña sepultura, coronada por césped, de unos dos metros de altura, en la que decía la tradición que era una antigua huesera. Tras realizar una breve ceremonia con cánticos en latín, el celebrante provisto de acetre e hisopo bendecía los restos. La comitiva regresaba al interior de la iglesia, esta vez por la puerta de acceso de Goierri, junto al Batzoki, donde continuaba la misa de difuntos hasta su finalización.


Parece que la prohibición de introducir cuerpos de difuntos en la iglesia durante las exequias, en algunos tiempos, dio origen a una práctica de carácter formalista, que consistía en colocar en el centro de la iglesia y ante las gradas del presbiterio un armazón funerario que representaba el féretro del difunto.


Esta tradición, quizá con aportaciones de mayores que vivieron aquellos días, más adelante pueda ser completada. Pero quede esta referencia de una tradición funeraria de nuestro Pueblo.

miércoles, 1 de noviembre de 2017

LA CALLE PELIGRO



La Calle Peligro, también llamada por otros “Carretera del Peligro” de Algorta, es una de las desconocidas en el callejero municipal.

La primera vez que aparece recogida dicha calle es en una fogueración de 1862 en la que se menciona: “...se rotulan por primera vez algunas calles de Algorta entre ellas la “Del Peligro...”

De ella ya hablaba en mi entrada del miércoles 24 de octubre del 2014: Calle Nueva: Así era denominada en 1887, la calle del Puerto Viejo que empezaba en el punto denominado “El Farol”, a la terminación de la calle Caridad, y terminaba en su encuentro con la calle Rivera. Esta calle anteriormente recibió el nombre de calle “Peligro”. En aquellos años contaba con tan solo dos edificios en su mano derecha “Tatoena” y “Aquechena”; y en su mano izquierda tres “Entelladorena”, “Nebaoena” y “Mugaburu nuevo”.


El colegio del Colegio del Puerto, que por su emplazamiento estaba ubicado en la calle Caridad, parece que primitivamente era también de la llamada “Del Peligro”.

Muy probablemente el nombre deviniera por estar en antiguos caminos, todos ellos, agrestes, peligrosos, estrechos e incómodos para transitar, por los que había que caminar cara al norte al descubierto en los días de lluvia.

Otra de las veces que va a aparecer esa denominación, en un expediente municipal, es en 1890, cuando Dña. María Justa de Ajeo el 3 de julio de 1890 solicitaba: “…que teniendo que construir un caño que desahogue, en la casa de mi propiedad Gorostiondo, situada en la calle del Peligro...” Hoy esa casa ocupa el numero 11 de la calle Nueva.

También aparece el nombre en varios escritos:

Entre ellos en el libro “Getxoko Leku Izanak” de Mikel Gorrotxategi, cuando habla de la casa de 1842: “...nombrada “Arteguiena” con sus pertenecidos, radicante en jurisdicción de la Anteiglesia de Guecho, en la carretera del Peligro, hoy calle de la Caridad, barrio de Algorta...”

Cuando lo hace sobre la casa Basaldua”: “...1873 La referida Casa Basartena parte oriental, está situada en el barrio de Algorta...es conocida también con el nombre Aquechena de Basaldua...por la calle o carretera llamada del Peligro...”

O cuando menciona a la casa: “...titulada Gorostiondo, señalada con el numero catorce, sito en la calle de peligro en 1879...”

Nuevamente al hablar de: “...Gorostiondo la nueva 1866 casería denominada Gorostiondo la nueva, finca rústica, sita con sus pertenecidos en jurisdicción de Guecho, radicante en el barrio de Algorta, entre la Carretera nueva que en el termino de Arechondo baja al puerto y la carretera llamada del Peligro, se halla señalada en la numeración local con el nº 22...”

Y cuando lo hace de la calle Caridad: “...1894 sita en la carretera del "Peligro", hoy calle de la caridad, en el barrio de Algorta...” En 1881: “...de las obras que se hayan ejecutando en la carretera del peligro, desde la casa de Padrena a la plazuela de Mugaburu...”

Finalmente cuando menciona: “...Tatoena la nueva 1860, 1860, 1860, 1884 cuya nueva casa que es en la que habita, se conoce con el nombre de "Tatoena la nueva" y se halla situada en la plazuela intermedia de las calles de Tetuan y del Peligro de este barrio de Algorta...”


Los motivos por los que esta calle llegó a llamarse “Del Peligro” o “Peligro” pueden deberse a diferentes motivaciones, pero sin duda es una de las más atractivas del Puerto Viejo de Algorta, de sinuoso y estrecho trazado que de barandillas precisa, sobre sus fachadas lucen hieráticos los faroles, mientras sus escaleras nos conducen cadenciosas hacia Tatoena y Etxetxu.


lunes, 30 de octubre de 2017

EL FIEL DEL BARRIO



La cobranza de impuestos siempre fue de interés para la corona y los consistorios, pues de ellos vivían ambos. Y las formas de cobro dependían de las normas establecidas en cada momento. Así, el abono de los mismos desde antiguo tenía sus propias características, en función de si estos era pagados en puerto o en las villas. Por ejemplo, en abril de 1494 se dictó una exención Real para los navíos que recalaran en puerto: ”...Para que las embarcaciones de este Señorío, que por temporal o acosados de enemigos, y en otra manera, entraren en los puertos de estos reinos no pagaren derechos aunque en ellos echen ancoras; salvo si descargasen...” En 1884, en algunos puntos de la provincia, las casetas para el cobro de arbitrios, algunas fabricadas de madera y ladrillo, fueron utilizadas para la fumigación de los pasajeros y mercancías, que tuvieran sospecha de poder estar infectadas de cólera.

El responsable del cobro de arbitrios era el “Ministro Alguacil”, que así era denominado, el cual se colocaba de platón para recabar impuestos y demandar a los morosos los pagos de los atrasados. También eran los responsables del control de las mercancías que llegaban al Pueblo. Aunque el responsable de la cobranza de impuestos era el “Sisero” o recaudador. Del “Alguacil” se decía, que en los actos protocolarios debía ir: “...con su vara en alto acompañando a los Regidores...”

Ya desde 1812 las deudas acosaban a los pueblos, muchas de ellas debidas a los actos de guerra de la época. En las “Juntas Generales de Bizkaia” de octubre de aquel año ser acordaba: “...que los respectivos Alcaldes y Fieles queden completamente autorizados para exigir de los deudores las contribuciones que les cupiere por los medios que dicta la justicia...” Aquellas recaudaciones recaían también sobre los inquilinos, muchos eran los que tenían esta condición, ya que los dueños de heredades y caseríos no eran los moradores. En esa misma Junta se acordaba: “...se paguen las dos tercias partes por la propiedad , y la otra tercia por los inquilinos...”

En el barrio alto (Andra Mari) la cobranza de impuestos era de máxima importancia, ya desde 1829 la situación de las arcas municipales era tal, que a decir de los “Libros de Decretos”: “...el estado de indigencia en que se halla esta comunidad por las exacciones que ha sufrido durante el desorden en las últimas turbulencias políticas, y la confusión en la que se hallan las cuentas y administración, por varias causas, hacen necesario tomar medidas para solucionarlas...” Las exacciones fueron debidas a la actividad de las partidas armadas, vía suministros, por ello comisionaron a D. Juan Antonio de Ibatao, D. Andrés de Arteaga, D. Juan María de Elorri y D. José de Iturriaga vecinos de Getxo, para revisar las cuentas de los dos últimos años y dar solución a las mismas. Dicha actividad armada exigía del Pueblo la aportación de: “...un cupo de siete mozos solteros con sus trabucos...”

Pero no eran solamente las actividades armadas las que provocaban la indigencia, los arreglos de iglesias para mantener su ornato, era otra de esas “exacciones”: “…Conforme a lo dispuesto por el Real y Supremo Consejo, para la reposición de las iglesias y su ornato…, se realicen las reparaciones de la iglesia matriz...”, se referían a la de Andra Mari. Para apremiar a los morosos decidieron nombrar un “Ministro Alguacil”, para tal cargo fueron designadas dos personas D. José Antonio de Larrazabal y D. Francisco Antonio de Basañez.

Uno de los primeros informes del oficio de fielato de Getxo es de 1834, se trata del remitido a la Diputación Carlista, dando cuenta de la certificación hecha por el secretario municipal, de la publicidad que se dio en el pleno del Ayuntamiento de las reales ordenes de Carlos V, dadas en Elizondo en julio de ese año. Las mismas eran relativas al indulto dirigido a los soldados que se sometieran a sus órdenes.

Algunos pagos se realizaban mediante fanegas de trigo, algunas de las cuales se almacenaban en Mungia. Otra de las formas de pago era mediante el censo de bueyes, aunque no siempre estos pagos eran obedecidos. En 1836 los cobradores de contribuciones D. Juan Antonio de Goñia y D. Francisco Antonio de Libano, se opusieron a la demanda que el juzgado del Alcalde de Fuero de Mungia les exigía. En enero de 1839 dos miqueletes se encargaron de apremiar a nuestro Pueblo por la falta de pago de trigo en el almacén de Durango. Ante los impagos de impuestos, en junio de 1839, se ordeño que fueran embargados frutos y rentas a los deudores.

En 1837, D. Juan Bautista de Urrechaga era quien solicitaba la asignación de un salario regular para el desempeño de la plaza de ministro alguacil, puesto para el que había sido propuesto por los fieles regidores de Getxo.

Las demandas de pago a veces eran desorbitadas, tal y como ocurrió en septiembre de 1839, en que la demanda de pago al almacén de Munguia, ascendio a seis mil reales de carne en vivo. Mientras, nuestro Ayuntamiento contestaba: “...que debido a las exacciones de las tropas de la regente, este pueblo no puede dar cumplimiento a tal pedido, ya que dichas demandas han puesto a numerosos vecinos al borde de la indigencia...” Algunas peticiones, como la de la entrega de mil quinientos pares de zapatos para la tropa, resultaban imposibles de cumplir.

En 1851 el responsable de la recolección de la cosecha anual de trigo y maíz en Getxo, fue el Ministro Alguacil D. Juan Antonio de Dobaran.


La salud era otro de los asuntos que preocupaba a nuestros vecinos. Desde tiempos inmemoriales, según relataban en los libros de actas de 1839, los barrios de Andra Mari y Algorta, habían tenido un servicio de cirujano. Sin embargo, desde 1822 tras la segregación de este último, el de Getxo se había quedado sin la atención de ese servicio. Hasta entonces los servicios los prestaban los cirujanos Sres. Casas, Mazagoitia y Gardeazabal. Ahora el barrio bajo (Algorta) era atendido por el cirujano D. José Estébanez, cirujano de Begango, y Andra Mari no contaba con facultativo. Como solución, pues el tema parece que se debía a asuntos crematísticos, optaron por que los labradores de Getxo pagaran al sangrador: “...cuatro azumbres de grano de ambas especies (trigo y maíz), por mitad en medidas de catorce fanegas…, y los de Algorta dieciséis reales por año...” Para dar servicio a ambos barrios se acordó: “...que desde Sarri hasta la casa llamada Aramberri en Algorta, se fijara un punto intermedio como lugar de consulta….”

El “Ministro Alguacil” o “Fielato”, como más tarde se le conocería, era el empleado de la autoridad municipal, encargado de hacer cumplir las ordenanzas dictadas por ella. Llevaba uniforme. La vara era el signo de su autoridad.


La palabra “Fielato”, cuyo origen parece estar formado por “Fil” (fiel de balanza) más el sufijo “ato” (empleo, trabajo o dignidad), es una expresión que se refería a una dependencia, que existía en las entradas de las poblaciones, que era donde se cobraban los derechos de consumo. Figura, que los barrios de Getxo (Andra Mari) y Algorta, compartieron desde principios del Siglo XIX, y que más tarde, en 1885 pasaría a tener Areeta-Las Arenas al consolidarse dicho barrio. 

miércoles, 18 de octubre de 2017

LOS BOLOS EN GETXO



El “Juego de Bolos” es una vieja afición en la historia, existen antecedentes de dicho juego en Egipto, Grecia y Roma. Pero sobre su localización en nuestro entorno, se conocen pocos datos. La historia habla de la existencia de canchas junto a las ermitas e iglesias, donde en el pasado se celebraban pequeños torneos de bolos los días festivos o en los que se llevaba a cabo alguna romería en honor de algún santo o virgen. Uno de esos casos es el que más adelante comentaré, estuvo situado en el barrio getxotarra de Andra Mari.

Según varios autores esa modalidad de juego aparece ya entre nosotros, me refiero a Bizkaia, a partir del siglo XIV. Es desde esas fechas que irán surgiendo los primeros indicios a través de documentos oficiales. Los documentos que van acreditando la aparición del juego de bolos, se encuentran en archivos provinciales “Archivo Foral de Bizkaia”, y se inician a partir de 1822. Desde esa fecha muchos serán los Ayuntamientos, en cuyos documentos aparecerá nombrada esa actividad lúdica (Yurre, Orozco, Barrika, Echano, Aranzazu, Durango, Fruniz, Mungia, Bilbao, Bedarona, Derio y Getxo).


El primer documento que se conserva en el Archivo Foral de Bizkaia es de 1822, se refiere a la construcción de un edificio, que además de una escuela de primeras letras y Salón Municipal iba a tener las siguientes caracteristicas: “...será un suelo, vajo él un juego de bolos que sirva de recreo a los vecinos en los días Domingos y Fiestas...” He recogido literalmente lo descrito en ese documento del Ayuntamiento de Yurre, a pesar de sus errores gramaticales.

Más cercano a nosotros, es otro documento del Ayuntamiento de Barrika de 1842, con motivo del arrendamiento de una taberna en la que se cobraban los arbitrios, en el que se dice: “...una casa que sirve de taberna, esta casa tiene un juego de bolos...”

Y relativo a nuestro municipio Getxo, es de 1885, se trata de un expediente de obra tramitado por el Ayuntamiento de Berango: “...para la construcción de una casa destinada a taberna pública y juego de bolos en el término de “Aldapa” perteneciente al caserío “Inchaurraga”...” El responsable de dicho proyecto fue el maestro de obras (Arquitecto Municipal de Getxo) D. Francisco Ciriaco de Menchaca.


Dicho juego, se practicaba en el País Vasco continental, dice “Auñamendi Euzko Antziklopedia”: “...durante mucho tiempo y hasta mediado el siglo XX, cada barrio, cada bar de barrio e incluso algunas granjas, poseían su bolera donde se reunía el vecindario para pasar la tarde de los domingos…”

Al parecer se trataba de un juego que algunos autores, respondiendo a criterios doctrinales, no consideraban excesivamente “moralista”. Algunas ordenanzas municipales, a lo largo de los Siglos XVI y XVII, penalizaban dicha practica si se realizaba: “...en las vías públicas, y se jugaba a partir de determinada hora, o en días festivos señalados...”

Entre sus modalidades en el País Vasco estaban el Pasabolo de tablón, Tres tablones, el Iru Txirlo en Araba, Bolo-palma, Cachete, Remonte, y otras variedades. Al parecer la practicada en Getxo era la modalidad de “Erremonte munaduna” (remonte con muna), que se jugaba con nueve bolos grandes, uno pequeño y bolas bastante voluminosas.

Como decía al inicio, cuando hablaba del juego de bolos en Getxo, la primera referencia al juego de bolos en nuestro barrio, aparece en las actas municipales del 21 de marzo de 1878, en esa fecha D. Nicanor Amigo solicitaba al Ayuntamiento: “...permiso para hacer un juego de bolos desde la esquina del paredón que cierra el patio de la ermita del Ángel hasta dentro de la cuadra de la casa taberna llamada Venta del Ángel...” Los comisionados para dar la autorización de aquella bolera fueron el teniente de Alcalde Sr. Ibatao y los regidores Srs. Mardaras y Uria. Aquel sería el inicio de una afición, que años más tarde desaparecerá, no constando en ningún acto festivo ni escrito referencias a ella. El espacio que ocupaba era pequeño, pero las apuestas encubiertas estaban servidas.


La segunda referencia de esa afición a los bolos, en nuestro Pueblo será la que aparece recogida en el expediente de construcción de la vivienda de D. Matías Romo, que en mayo 1893 solicitaba permiso municipal para transformar lo que había sido una chabola para guardar ganado en su nueva vivienda. Aquella casa que por los planos presentados debía de estar a la altura de la actual calle Santa Eugenia, tenía entre la vivienda proyectada y la antigua vivienda de Romo una bolera.

Además, según relata el Trinitario P. Carlos Zabala, en su “Historia de Getxo”: “…Del Estadillo sobre los lugares de diversión, remitido por el Ayuntamiento a la Diputación con fecha de 2 de abril de 1864 …, Había también dos boleras (“bolatoki”), “ambas en buen estado". Una estaba en la “casa de Ascorra", de Vicente Ascorra, calle, Terreno de Alangüeta, n-18, hoy calle Alango. Medía 840 pies cuadrados. D. Eleuterio Larrea era el dueño de la segunda, aunque la tenía arrendada a Juan Bautista, (a) “Batxi, medía 800 pies cuadrados. Era la más concurrida. Por término medio a las boleras concurrían diariamente unas 20 personas en total...”


No hay noticias relacionadas con ese juego, ni en la prensa de la época, ni en los programas de festejos, pero durante algunos años, la Venta del Ángel con su cancha de bolos fue uno de los puntos de diversión de nuestros mayores. Fue un juego que, en otras épocas, se extendió por todo Bizkaia, llegando a tener más de 400 boleras contabilizadas, de las que en la actualidad tan sólo se conservan una cuarta parte. En nuestro territorio, se pueden citar por su importancia las de Amorebieta, Dima y Lemoa.