MEMORIAS DE GETXO

jueves, 24 de mayo de 2018

ACONTECERES DEL ÚLTIMO CUARTO DEL SIGLO XIX EN GETXO -39-



En la anterior entrada veíamos cómo en agosto de 1883 el consistorio desarrollaba obras de urbanismo frente a la antigua Fonda San Ignacio. Y la Compañía del tranvía proponía al Ayuntamiento la celebración de una fiesta Veneciana en Las Arenas, en agosto.

A mediados de noviembre de 1883, la administración de propiedades e impuestos de la provincia llamaba a los ayuntamientos a percibir el premio del 3,40% que los correspondía por la cobranza de cédulas personales del ejercicio do l882-83, así como el 1% por la formación de padrones y listas cobratorias del propio ejercicio. El Ayuntamiento de Getxo delegaba en el correo peatón D. Antonio San Martín, el cobro de las cantidades que le correspondían en la Caja de la Administración Provincial.

Las relaciones del barrio de Algorta con las maniobras del ejército, en nuestros barrios, tuvieron sus más y sus menos. En noviembre de 1883, en las actas municipales, se hacía constar que: “...Con motivo del ejercicio de tiro al blanco desde la Campa del Castillo al mar, reventaron en el aire varias bombas esparciendo sus cascotes entre la población, lo cual motivó gran desasosiego entre la población, por cuanto alguno de los restos que pesaba más de 12 libras, cayo sobre alguna casa cercana a la iglesia de San Nicolás...”

Y ya entramos en 1884, año que traería nuevas mejoras al municipio, esta vez relacionadas con la instalación del telégrafo en nuestro Pueblo. El 15 diciembre de 1883, el consistorio de Getxo había solicitado la mediación del Diputado a Cortes D. Eduardo Aguirre para que mediara ante el ministerio, en nombre del Ayuntamiento para solicitar la instalación de dicha estación telegráfica. El 8 de enero de 1884 se recibía una contestación de dicho político: “...referente a la estación telegráfica que se desea establecer en esta población de Algorta y de las gestiones que venía realizando...” El consistorio le mostraba su agradecimiento por ellas.


En febrero de 1884 era el Semáforo de la Galea el que llevaba noticias al libro de plenos. Se nombraba primer vigía del mismo a D. Miguel Morales, a quien se cedía un terreno contiguo para que pudiera cultivarlo. Mientras que de la carretera a Plenzia, estaba echada la grava hasta Sopelana, solo faltaba completar el tramo hasta Algorta. En marzo se trabajaba sobre el camino que iba desde Jauregi hasta la iglesia de Santa María. Y por fin, el 3 de febrero de 1884, llegaba el primer coche desde la Villa de Plentzia a Las Arenas.

Los ingresos de los abastos municipales, que el 7 de febrero de 1884 se daba información en el pleno del Ayuntamiento de Getxo, ascendían a: Por vinos y aguardientes consumidos en Getxo durante el año 1883: 4.677,2 Pesetas. Por suministros de piensos y pan a las tropas del ejército, durante los meses de agosto y octubre: 157,25 pesetas. Quedando por cobrar del mes de noviembre 75 pesetas. Por no haber presentado, el rematante, toro para correr durante las fiestas del verano: 50 pesetas. Por derechos de limpieza del matadero durante el mes de enero: 17,50 pesetas.

En esas fechas, algunos vecinos del barrio de Las Arenas, no parecían estar muy satisfechos del servicio de correspondencia (correo). Al parecer los retrasos muchas veces no eran de horas, si no de días. El Ayuntamiento derivaba la queja al Administrador Provincial de Correos, que era la persona responsable de la distribución en la Provincia para que remediara aquellos fallos de servicio.

Como explicaba con anterioridad, el servicio de telégrafos, no solo era una necesidad, si no que empezaba a ser una realidad en nuestro Pueblo. A primeros de febrero de 1884, el Ayuntamiento de Getxo, tras recibir una instancia del Director del Telégrafo Inglés, situado en Las Arenas, acordaba pasar dicha instancia al Departamento de Fomento municipal, para que el maestro de obras (arquitecto) D. Francisco Ciriaco de Menchaca, señalara al solicitante los terrenos que habían sido comprados a la Familia Aguirre, para tal fin. En ese año los vecinos de Algorta trataron de instalar el servicio de telégrafos en el Ayuntamiento (San Nikolas), por cuenta del municipio.

Por fin el arreglo del camino peatil, que iba desde la encrucijada de Jauregi hasta la Iglesia de Santa María, salía a remate el 16 de febrero de 1884.

El 21 de febrero de ese mismo año, se daba lectura al expediente aprobado por la Diputación de Provincial, relativo a la demolición del antiguo matadero, y a la construcción de una pequeña casa para habitación y despacho de carnes frescas. En la discusión desarrollada en el pleno municipal decían: “...Para poder llenar las necesidades de este vecindario que siempre va en aumento...” No obstante el proyecto aprobado por la Diputación era escaso, por pequeño en dimensiones, por lo que el Consistorio decidía que se aumentara el tamaño de la edificación: “...Se aumente y modifique el plano de dicha casa, incluyendo una alcoba donde se pueda secar las pieles de las reses...” El 28 de febrero de 1884 se sacaba a subasta dicha obra, que se iba a realizar en el punto denominado Altamira, en el barrio de Algorta, que entonces se encontraba en la calle Tetuán (Actual Avenida Basagoiti). Las obras fueron realizadas por el rematante D. Francisco de Fullaondo, a quien acompañaba cómo fiador D. José Antonio de Cortina.

En esa misma fecha, se daba cuenta del obsequio que hacía la Compañía del Tranvía al Ayuntamiento de Getxo para el traslado: “...«De forma gratuita, para trasladar a Bilbao, a los mozos quintos, a quienes no se cobrará el traslado»...” Aquel transporte se realizó el día 21 de febrero de 1884.


El Ayuntamiento de Getxo, el 15 de marzo de 1884, anunciaba la feria de ganado que se venía celebrando en la campa de Alango, para el 19 de ese mismo mes.

En la próxima entrada veremos cómo el camino desde la Avanzada a Las Arenas veía realizar mejoras. Y cómo las laderas del monte en la playa de Ereaga eran continuamente atacadas por las mareas, lo que obligó a realizar un muro en la ladera de Ereaga para defensa de las aguas del mar.

lunes, 21 de mayo de 2018

ACONTECERES DEL ÚLTIMO CUARTO DEL SIGLO XIX EN GETXO -38-



En la anterior entrada veíamos cómo el Club Náutico de Bilbao se dirigía al Ayuntamiento de Getxo para que encabezara “con alguna cantidad decorosa”, la instalación de una Estación de Salvamento de Náufragos en el Puerto de Bilbao. Y como la temporada de verano ya estaba llamando a la puerta, el 7 de julio de 1883, la prensa local anunciaba la apertura de baños en el establecimiento de “Baños de Mar Bilbaínos”.


Era el 23 de agosto de 1883 cuando el consistorio desarrollaba obras de urbanismo frente a la antigua Fonda San Ignacio y se recibían las mismas: “...«Recibir las obras de afirmado y paseo de carretera al lado sur de donde se hallan colocados los raíles del tranvía, frente a la Fonda de D. Miguel Uria, hasta la casa del finado D. Domingo de Aurrecoechea»...” El rematante de las obras había sido D. Gregorio de Arruabarrena.

Al finalizar el mes de agosto las cuentas de los gastos por los festejos del verano ascendían a 2.797,50 pesetas, los correspondientes a fuegos de artificio, lanzados por el industrial pirotécnico Sr. Charlin ascendía a 2.384 reales. Los faroles del pueblo también tenían su capitulo de gastos: el vecino de Portugalete D. Marcelino de la Vega había construido cuatro faroles nuevos, cuatro quinqués y sus bolas de metal por un importe de 702 reales, mientras que las palomillas de los faroles eran obra de D. José Suarez, cuyo importe ascendía a 40 reales. En las actas municipales se indicaba que los cohetes lanzados en el Puerto habían sido muy satisfactorios.

El 31 de agosto, la Compañía del tranvía proponía al Ayuntamiento la celebración de una fiesta Veneciana en Las Arenas. En la misiva que envió, expresaba con todo detalle los gastos e ingresos previstos de aquella celebración, señalando al Ayuntamiento su cupo que era de 2000 reales. El consistorio, tras un encendido debate, decidió que en vista de las muchas obligaciones y asuntos a los que debía atender, que solo podía aportar a aquella fiesta la mitad de lo solicitado por la Compañía del Tranvía, por haber agotado el presupuesto de fiestas.


El 13 de septiembre de 1883 el Ayuntamiento estaba tratando sobre la traída de aguas potables al municipio. El ingeniero encargado de dicho asunto era D. Laureano G. Santa María. Para tratar el asunto se convoco a varios vecinos para la colocación de fuentes en los respectivos barrios, entre los que se encontraban: D. Juan José Unibaso, D. José Ramón de Ansoleaga, D. José Joaquín Urisabel, D. Juan Antonio Aldecoa, D. Eladio Sustacha, D. Martín Berreteaga y D. Miguel Uria. Para ello encargaron al alguacil que les entregara la citación. Por otro lado acordaron, previa solicitud del ingeniero, facilitarle: “...«El número de almas que habita en la anteiglesia en los últimos cinco años, especificando los que pertenecían a los barrios de Santa María, Algorta y Las Arenas»…"

A mediados de septiembre, algunos vecinos de Las Arenas, componentes de una comisión de propietarios adinerados, cedían al municipio 27.000 reales para realizar obras en dicho barrio. Entre la que se encontraba la explanación y afirmado del camino que conducía desde el establecimiento de Baños de Mar Bilbaínos, propiedad de la familia Aguirre, a la Ermita de Santa Ana. Pero no sería hasta finales de noviembre de 1883 cuando por fin se aprobara el proyecto.

El 20 de septiembre de 1883, el Ayuntamiento de Getxo recibía una circular de la Junta de Instrucción Provincial, publicada en el Boletín Oficial del 18 del mismo mes, destinada a los maestros y maestras para que: “...«Se esfuercen en inspirar a la niñez los sentimientos de benevolencia y razonable protección que se deben dispensar a los animales y plantas»...” En ella se incluía un listado de animales útiles y perjudiciales para la agricultura. Dicha circular fue publicada el 19 del mismo mes en el “Noticiero Bilbaíno”. Listados que se colocaron en unos cuadros, en las escuelas públicas del municipio.

El 27 de septiembre se recepcionaron las obras del camino que iba desde el Casino Algorteño hasta San Martín, obras que bajo la dirección del Maestro de Obras D. Ciriaco de Menchaca, había realizado el contratista D. Juan Bautista de Eguia.

Las arcas municipales, siempre ávidas de recaudar nuevos fondos, se ponían en marcha en nuestro municipio de la mano de los munícipes D. Roque de Zabala y D. Damián Ibarra. El objeto de los nuevos impuestos iban a ser las landas de la Galea, de las que se decía eran extensas en árgoma, y que algunos vecinos: “...«Se aprovechan de forma atrevida sin utilidad alguna para los fondos municipales»...” A pesar de que desde 1880 existía una prohibición municipal para su uso. Y para que los fondos municipales pudieran obtener nuevos réditos, acordaron dividir las campas en lotes, sacándolos a pública subasta: “...«Desde los confines de Sopelana hasta Aixerrota, para que los vecinos de la feligresía de Santa María hagan uso de ella»...” Era habitual que los agricultores esparcieran, durante el otoño, gran cantidad de paja, helecho, árgoma, hojarasca y otras materias para que pudriéndose allí durante el invierno, se transformaran en material apto para abonar los campos. No obstante, se fijaban fuertes penas a fin de que no se perdieran los terrenos para el pasto, o se extrajeran tierras al cortar la árgoma.

El barrio de Alangüetas, que era así denominado, veía como D. Pedro Mazas, en representación de su hermano D. Diego Mazas, solicitaba que se construyera el caño proyectado anteriormente: “...«En el barranco de Alangüetas, atravesando un solar de su propiedad»...” para suministrar agua a dichos aledaños.

En esas mismas fechas, el Ayuntamiento autorizaba a D. Juan José de Bilbao, responsable de los faroles del alumbrado público del barrio de Las Arenas, a utilizar una casta que se encontraba en la Plazuela de dicho barrio (actual Bizkaiko Zubia Enparantza). Su uso venía condicionado por que dicho señor se comprometiera a cuidar y gobernar los faroles del alumbrado público de dicho barrio, siendo únicamente por cuenta del Ayuntamiento, el suministro del liquido que consumían. Se decía que los faroles eran de “reverbero”, porque hacían reverberar la luz que desprendían. Por ello acordaba el consistorio comprar 40 cajas de esencia de mineral para el alumbrado público.

El 11 octubre de de 1883, se acordaba que todas las pesas y medidas del Ayuntamiento de Getxo: “...«Sean del nuevo sistema métrico decimal, y se adapte a ese sistema la romana que posee la corporación, de arrobas y libras»...”


El 25 de octubre de ese año, en vista del deplorable aspecto que presentaba al camino desde San Martín hasta Jauregi, el consistorio decía repararlo: “...«Hallándose en bastante mal estado el camino de carros de la entrada de San Martín, así como el camino peatil que le sigue desde la puerta del jardín de Telleche, hasta la puerta de la encrucijada llamada de Jauregui, encarga al maestro de obras D. Francisco Ciriaco de Menchaca, realice el proyecto para su reparación»...” En dicha encrucijada, junto al caserío “Jauregi”, se estaba extrayendo piedra para obras particulares. ¿Quién sabe si alguna de ellas pertenecía a la desaparecida torre de Getxo?

En la próxima entrada iremos viendo cómo la administración de propiedades e impuestos de la provincia llamaba a los ayuntamientos a percibir el premio que los correspondía por la cobranza de cédulas personales del ejercicio de l882-83, así como por la formación de padrones y listas cobratorias del propio ejercicio.

jueves, 17 de mayo de 2018

ACONTECERES DEL ÚLTIMO CUARTO DEL SIGLO XIX EN GETXO -37-



En la anterior entrada veíamos cómo algunas reclamaciones del secretario municipal de Getxo alcanzaban a edificios religiosos de Portugalete y Bilbao. Y la solicitud de la Compañía “Direct Spanish Telegraph” para establecer una caseta habitable en Las Arenas, en el punto donde se encontraba amarrado el cable Inglés.

En la misma sesión municipal se leía la solicitud del Club Náutico de Bilbao, para que el Ayuntamiento de Getxo encabezara, “con alguna cantidad decorosa”, la instalación de una Estación de Salvamento de Náufragos en el Puerto de Bilbao. Previamente el Club Náutico de Bilbao ya venía realizando algunas gestiones tendentes a llevar a buen puerto dicho proyecto, cruzando comunicaciones con la Institución de botes salvavidas de Gran Bretaña. Como resultado de aquellas averiguaciones convinieron en que eran necesarias 30.000 pesetas para llevar adelante dicha estación de salvamento. Por lo que el día 1 de junio de 1883 anunciaban en la prensa bilbaína su intención de dirigirse a la entidades locales para solicitar su ayuda. El Ayuntamiento de Getxo decidió esperar a ver las cantidades que iban a aportar otros municipios como Bilbao o Portugalete. La capital Bizkaina, el 20 de julio de 1883, decidió colaborar con 1.000 pesetas. La Diputación Bizkaina, el 1 de diciembre de 1883, lo hacía con 2.500 pesetas. Otras entidades colaboraron, según informaba la prensa el 19 de diciembre, como el ayuntamiento de Santurce con 250 pesetas y la Junta del Club Náutico con 1.000 pesetas. El 3 de enero de 1884 la Junta Local de Salvamento de Portugalete, situada en el Muelle Viejo, daba cuenta de la suscripción abierta en dicho municipio, que a la fecha era de 1.397 pesetas. Para febrero de 1885 en la prensa se decía: “...«La suscripción abierta entre el vecindario y comercio de Bilbao y otras entidades, para establecer en Las Arenas la estación de salvamento produjo una suma considerable que, se creyó suficiente para realizar aquel proyecto»...” El 12 de Marzo de 1920, en nombre de la Asociación de Navieros, Francisco de Aldecoa, solicito el permiso para la construcción de un edificio destinado a Salvamento de Náufragos y Cofradía de Pescadores.

Y como la temporada de verano ya estaba llamando a la puerta, el 7 de julio de 1883, la prensa local anunciaba la apertura de baños en el establecimiento de “Baños de Mar Bilbainos”. Galería balnearia que estaba situada junto a la playa de Las Arenas (Más o menos donde se encuentra en al actualidad el Club Marítimo del Abra). Los baños de playa eran anunciados desde el día 1 de julio al 30 de septiembre; y los baños calientes, estos dentro del establecimiento, a partir del día 10 de julio hasta el 30 de septiembre. Y como la empresa de baños quería ver sus instalaciones llenas de los veraneantes más exquisitos anunciaban en el “Noticiero Bilbaíno” las excelencias de sus instalaciones y el barrio: “...Todo cuanto se diga acerca do la belleza, agradable estancia y otros atractivos que ofrece la playa de las Arenas es poco. La playa de las Arenas en la costa Cantábrica, de unos dos mil metros de extensión, posee las mejores condiciones para baños; porque además de su clima saturado por las fresca brisa del mar, tiene una pendiente imperceptible, esta roda ella tapizada de una finísima arena sin escollos ni peligros. Dista de Bilbao 11 kilómetros, que los recorren cada quince minutos elegantes coches y tranvías, también vaporcitos por la ría, unos y otros por módicos precios y empleando de 50 a 60 minutos en el trayecto, que se hace sumamente agradable por lo ameno y variado de las orillas del Nervíon, comparadas por muchos viajeros con la pintorescas orillas del Rhin. En Las Arenas existe una vega encantadora junto a la playa, desde la cual se contempla la entrada y salida de centenares de buques de todas las naciones. El Balnerio, en unión de otras fondas y casas de huéspedes y particulares, vístosos chaletes y casas de campo, hacen de dicha playa un lugar de esparcimiento y recreo frecuentado por numerosa y distinguida concurrencia. En una bonita y cercana plazoleta rodeada de jardines, hay música todas las tardes de los jueves y días festivos, también se ofrecen otros espectáculos, romerías, expediciones, y otras diversiones...”


Le seguía una relación de las excelencias del propio balneario: “...En este balneario, además de poderse tomar los baños de ola, para lo cual se dispone de casetas fijas y movibles en la playa, de bañeros prácticos que cuentan muchos años en esta faena, se ha montado con todo esmero y perfección el servicio de baños y duchas calientes; eficaces para combatir, entre otras enfermedades, las alecciones herpéticas y reumáticas, las escrófulas, contusiones, parálisis, raquitismo en los niños e impotencia, así como también para fortalecer las naturalezas débiles. El departamento de baños calientes, está dotado de pilas de mármol blanco y gris. El de hidroterapia, contiene la Ducha general o de circuito, la escocesa, dorsal, hidromezcladora de chorro, lluvia y otros aparatos destinados a ciertas enfermedades y que se adaptan a los expresados, ofrecen la ventaja de poder aplicarse el agua pura del mar por medio de vapor y de una cañería que la conduce a las bañeras y depósitos de hidroterapia, por lo cual no sufre la evaporación ni corrupción que a veces la hacen ineficaz, cuando se trasporta en pipas o vasijas. Existen en la misma galena diversas dependencias y servicios para comodidad del público, como son gabinete de lectura y recreo, excelente guarda-ropa, consulta facultativa, botiquín, estanco, despacho de refrescos, venta de trajes de baño, efectos de playa y otros…”

El balneario de Las Arenas, además distribuía un prospecto y con la tarifa y una bonita vista de la playa, que repartió entre los forasteros. En el grabado de ese prospecto figuraba en primer término la galería balearia, seguía el gran Hotel Bilbaíno, provisto de suntuosos comedores, un elegante casino, salón de baile, capilla y amenos jardines.

Algorta no le iba a la zaga, ya que la Fonda San Ignacio anunciaba también la apertura de sus instalaciones para los visitantes de la provincia y del resto del estado: “...En la misma carretera por la que pasa el tranvía de Bilbao, se halla esta fonda abierta el verano próximo pasado. Rodeada de arbolado y jardines, se disfruta la agradable vista del Abra desembocadura de la ria de Bilbao. Formando cuerpo con la fonda hay otro edificio con habitaciones independientes, cada una de las cuales tiene cinco camas, y su módico precio es de diez pesetas diarias. El establecimiento estará abierto desde el 10 de julio al 15 de setiembre…”

El día 12 de julio de 1883 se trataba en el pleno sobre la construcción de una fuente lavadero en el barrio de Iberre de Santa María de Getxo: “...«El maestro de obras D. Francisco Ciriaco de Menchaca presenta plano y presupuesto para la ejecución de una fuente, lavadero y abrevadero en el punto llamado Chacharro, barrio de Iberres de la feligresía de Santa María»...”


En esas fechas el consistorio tasaba un pequeño terreno de propiedad municipal, de dos metros y sesenta y cinco centímetros cuadrados, decían sobrante de la vía publica y que había sido solicitado por D. Pedro José Urquijo, para levantar en él: “...«Los escusados y el comedor de su casa de Altamira»...” Según el Ayuntamiento: “...«Siendo un terreno insignificante e inútil, sobrante de la vía pública, que no sirve para uso de ninguna clase, que ha sido tasado en 26,50 pesetas, y teniendo este Ayuntamiento el párrafo 1º artículo 89 de la vigente ley municipal, antes de proceder a la cesión del terreno se saca a conocimiento público»...”

El 26 de julio de 1883 el Gobernador Civil autorizaba a correr toros embolados y ensogados en las fiestas de aquel verano. Y como los animales pagaban con su vida las celebraciones, era cosa de que el rematante (comprador) de la res que se corrió en Las Arenas, abonara las 50 pesetas, que tras el festejo sacrificaba al animal, y de las que el consistorio se beneficiaba.

A los vigilantes de arbitrios, que habían cesado por aquellas fechas, se les exigía la devolución de sus revólveres, que los portaban, además de las insignias de identificación.

En la próxima entrada veremos cómo el consistorio desarrollaba obras de urbanismo, frente a la antigua Fonda San Ignacio; y la Compañía del tranvía proponía al Ayuntamiento la celebración de una fiesta Veneciana en Las Arenas.

lunes, 14 de mayo de 2018

LOS MAYORES CONTRIBUYENTES O LOS HOMBRES INFLUYENTES




Los mayores contribuyentes, ¿Los hombres influyentes, los privilegios de unas castas en otras épocas, ya desaparecieron? Algo de ese poder ya había, al menos así se desprende de los recortes de prensa y leyes que se dictaron, a lo largo del siglo XIX y principios del XX. Y Getxo no era ajeno a esta circunstancia.

Desde la antigüedad, tanto los filósofos, oradores cómo los políticos griegos (Sócrates, Platón o Pericles…), destacaron por la aplicación de sus conocimientos en beneficio de su pueblo. Sin embargo, los más influyentes o los mayores contribuyentes de Getxo, el orden casi da igual, su poder, su influencia no siempre fue debida a sus conocimientos, muchos de ellos más bien lo fueron por su poder económico y su visión de la evolución del Pueblo ligada a sus intereses. Siempre hubo hombres honrados, pero la generalidad estuvo ligada a intereses económicos. Alguno de ellos a quien Algorta dedicó una avenida, influyó para que nuestras playas fueran respetadas, y su barrio le dedicó un homenaje y una avenida a principios del Siglo XX.

Ese poder ya existía desde los tiempos de los Martiartu y los Butrón, cuyos vecinos ya en el Siglo XVI: “...«obedecían al pariente mayor»...” Tiempos en los que ya contaban con el privilegio de “Nombrar a los Fieles Regidores de la Anteiglesia”. El señor tenía el poder, con lo que esto suponía de control de la vida municipal y administrativa del Pueblo.

A finales del Siglo XVIII, cuando todavía eran cuatro los representantes de cada parcialidad (barrio), los elegidos para decidir de lo que afectaba a los vecinos, ya se oían voces desaconsejando la proximidad de los fieles a los administrados. Este estado de opinión llevaría a la desaparición de los plenos abiertos hasta la llegada de la Ley de bases de régimen local de 1935.

Pero entre tanto, a lo largo del Siglo XIX, será la nobleza y/o los grandes propietarios, perceptores de rentas, que ya comenzaban a destacar en actividades industriales y comerciales quienes ejercieron la hegemonía local. Incluso en la elección de los alcaldes, que a lo largo de los años irá evolucionando. Mientras que en 1812 su figura era la de un cargo de elección directa, de segundo grado y su elección se realizaba a través de electores-compromisarios previamente designados. Los portavoces municipales coincidían con los mayores propietarios y rentistas, tanto vecinos como foráneos. En 1814, debido al gran deterioro que habían sufrido las aportaciones recaudatorias de las zonas de humedal (vegas), que se hallaban inundadas, formaron una comisión para que se rebajara el impuesto establecido por la Diputación al Municipio. Aquella corporación fue presidida por D. Juan Ignacio de Sarria, y entre los propietarios figuraban nombres de nobles como el Marques de Villarías, o propietarios cómo Juan Bta. de Sarria, Juan de Ugarte o Manuela Zalduondo cuyas rentas oscilaban entre los 633 y 311 reales.

En 1837 se promulgará una nueva Ley Electoral, la cual establecerá una serie de requisitos para poder ser elector o elegible. Había que disponer de un mínimo de riqueza; a decir de las actas municipales, tener ciertos estudios y posición. De esta guisa: para ser Diputado General era necesario tener unas rentas urbanas de al menos 12.000 reales. Pero no solo era el poder económico lo que hacía ser elegible. En 1880 para poder ser elegido candidato a Diputado Provincial, había que tener algún titulo que acreditase la capacidad del postulante.

Ya antes, irán apareciendo nombres de esos grandes propietarios, entre los que figuraran apellidos conocidos cómo los: Aldecoa, Arrigunaga, Basaldua, Cortina, Goiri o Sarria. Así que no resulta raro que en 1879 las cuentas de fabrica de la Iglesia de San Nicolás de Bari: “...fueran revisadas por una comisión compuesta por cuatro mayores pudientes o contribuyentes y el Alcalde...”

A partir de la Ley de Ayuntamientos de 1840, el Alcalde será nombrado por el Monarca o sus delegados. La Ley Municipal del 21 de octubre de 1868 establecía ya que la elección del Alcalde se realizara por los Concejales. La Ley de Bases de 1935, anteriormente citada, sentenciaba que: “...«Los Alcaldes serán siempre elegidos por el pueblo o por el Ayuntamiento»...”


En 1904 se producía un dictamen a una ley del senado de reforma de la administración local y provincial, propuesta en la que se dejaba bien claro que: “...ante transcendencia de la reforma acometida por el Gobierno de S. M. al presentar este problema de la Administración local y provincial ante las Cortes.., cuidando de que no resulten alteradas en las provincias Vascongadas y Navarra las especialidades hoy subsistentes en ellas...” Ya que en dicho proyecto se contemplaba que: “...Entre las variaciones que ha introducido la Comisión en el proyecto de ley que remitió a esta Cámara el Senado, presentado el 27 de Mayo último al Senado por el Sr. Maura, Ministro entonces de la Gobernación, era sin duda la de mayor relieve la que hace referencia al nombramiento de alcaldes en las capitales de provincias…, el nombramiento de los alcaldes, de las capitales de provincia se atribuía, por excepción, al Gobierno…, creemos lealmente, que dada la duplicidad de funciones que los alcaldes han de ejercer, representando en una como jefes a la administración municipal, obrando en otras como delegados del Gobierno; que sean elegidos por la propia Corporación. Así se respeta el voto popular y se reconocen el carácter y el origen municipal del cargo...” Por ello, proponían que: “...en las poblaciones de más de 100.000 residentes se establecerán cuatro grupos o turnos, que serán los siguientes: 1.° De Ateneos, Academias, Círculos científicos, artísticos y literarios, Sociedades de Amigos del País y cualesquiera otras Corporaciones ó Asociaciones análogas con fines de ilustración y cultura. 2.° De Cámaras de Comercio, Círculos mercantiles, Centros industriales, Asociaciones de fabricantes, Cabildos de mareantes y otras entidades sociales para fines mercantiles é industriales. 3.° De las Cámaras agrícolas, Sindicatos de propietarios, Centros de labradores, Sindicatos de riegos y otras Corporaciones animadas por los fines relativos á la prosperidad de la propiedad rústica y urbana; y 4.° De las Asociaciones obreras de todo orden…” En aquellos Municipios donde no existían Asociaciones ni Corporaciones algunas proponían que: “...se elegirán por mitad los concejales entre los contribuyentes con mayores cuotas...” Así que Getxo quedaba entre estos últimos.

Incluso en 1929 el consistorio de Getxo acordaba: “...«Aprobar la formación definitiva de la lista de mayores contribuyentes que, con los señores concejales, tendrán derecho a la designación de compromisarios para la elección de senadores durante el año actual»…” ( El Noticiero Bilbaíno del 7 de febrero de 1929). Un año más tarde, y en el mismo diario, se recogía la relación de los 11 mayores contribuyentes del municipio, quienes tenían la potestad: “...«En virtud del decreto ministerial reciente, de integrar la mitad del Ayuntamiento»...”

Entre los hacendados:

Se encontraban los siguientes, Ramón de la Sota y Llano, Luis Lezama Leguizamón, Cristóbal Valdés Menéndez, el marqués de Arriluce de Ibarra, Venancio Echevarría Careaga, Constantino Zabala Arrigorriaga, Horacio Echevarrieta Maruri, Manuel Eguía Iturain, José María de Basterra Ortiz y Policarpo Eguiraun Cortina. Los cuales pertenecían a familias dedicadas a actividades navieras, mineras, comerciantes o simplemente acaudaladas.

Los diez restantes puestos habían de proveerse entre los que obtuvieron mayor número de votos en las elecciones para concejales de los años 1917 a 1923, correspondientes a los tres distritos de Santa María de Getxo, Algorta y Las Arenas.

Por el Distrito Primero (Andra Mari) fueron: Agustín Aldecoa Eguzquiza, Juan Ardanza García, Félix Arrieta Ugarte, Serafín Laucirica Acha, Tomás Acillona Uría y Serapio Bringas Trueba.

Distrito segundo (Algorta) fueron: José Antonio Gáldiz Mendiola, Nicomedes Mendialdúa Idezaga, Jesús Uribarri Ituráin, Román Arana Bengoecbea y Jacinto Araluce Ajuria.

Distrito tercero (Las Arenas) fueron: Gregorio Domingo Aldama, Agustín Elejoste Astarbe, Celestino Elorza Elabe, Alejandro de la Sota Aburto, Marcelino Ruiz de Aguirre Lambarri y José María Abaitua Amézaga.

Durante las dictaduras los hombres influyentes, los mayores contribuyentes siguieron en los Ayuntamientos, en los despachos, incluso como gobernantes, volviendo a repetirse los nombres conocidos de épocas anteriores. Ahora que todos son elegibles y que las decisiones formalmente se toman en los plenos, cabe la pregunta de si: ¿Tienen algo que ver en las decisiones los hombres influyentes, ahora que no coinciden con ser los mayores contribuyentes, porque la ingeniería fiscal se lo permite?

jueves, 10 de mayo de 2018

ACONTECERES DEL ÚLTIMO CUARTO DEL SIGLO XIX EN GETXO -36-



En la anterior entrada veíamos cómo el cementerio de Algorta (La Campa del Muerto) se había quedado pequeño y cómo los vecinos pensaron en comprar un terreno cercano al cementerio, de propiedad particular, para ampliarlo. En esta entrada iremos viendo las relaciones económicas de Getxo y la Diputación.

Los pueblos de la provincia de Bizkaia desde antiguo venían aportando unas cantidades a la Diputación en concepto de Culto y Clero. Ya desde 1845 la Constitución española establecía que: “...La religión de la Nación española es la católica, apostólica, romana. El Estado se obliga a mantener el culto y sus ministros, siendo los municipios los encargados de sostener el culto parroquial...” En mayo de 1883, la institución provincial envió una circular a los municipios para exigirles que los Ayuntamiento debían de aportar las cantidades correspondientes. En concreto, el de Getxo estaba obligado a aportar a la tesorería provincial 11.237, 16 pesetas. Nuestro municipio contestaba a la Diputación que: “...«Según el arreglo parroquial corresponde pagar a esta anteiglesia por ese concepto 10.275 pesetas, debiendo permanecer en ella dos párrocos y cinco coadjutores, y que faltando un coadjutor a la parroquia de Santa María, este Ayuntamiento se ve perjudicado en el repartimiento realizado por dicha institución, por lo que solicita se modifique la cuota asignada a este Pueblo»...”
En esas fechas era D. Ignacio Arias, quien reclamaba para su propiedad los censos de los conventos de Santa Clara de Portugalete y de la Capellanía de Lekumberri, que era quien venía cobrándolos.

Así mismo las caserías de Garayena Nueva del barrio de Usategi y Salsidua de la entonces Vega de Fadura trataban de ser inscritas en el Registro de la Propiedad por D. Miguel Antonio de Ibarguren.


El 7 de junio de 1883 el representante de la Compañía “Direct Spanish Telegraph”, D. José Aparicio Fernández residente en Madrid, solicitaba al Ayuntamiento de Getxo un terreno de 40 metros cuadrados para establecer una caseta habitable en Las Arenas, en el punto donde se encontraba amarrado el cable Inglés. Dicha caseta estaba situada: “...«En la faja de terreno de treinta metros de ancho, situada al Este entre la carretera que desde Algorta se dirige al barrio de Las Arenas, y las posesiones de D. José Niceto de Mezquiza»...” La misma tenía una habitación al costado para ser habitada por el peón caminero encargado de la custodia de dicho cable. El consistorio autorizó dicha instalación, condicionándola a que si algún día la Compañía del Cable abandonaba aquel edificio, el suelo pasaría de nuevo a manos del Ayuntamiento.

Las obras del camino al cementerio de San Nicolás, que habían sido realizadas por el contratista D. Juan Bautista Eguía, y que al decir de su cuantía no habían sido muy importantes, tan solo costaron 16,50 pesetas, veían su finalización.

Otro de los temas que la corporación municipal trataba en esos días, a propuesta de varios vecinos, era la música. Entre los que se encontraba D. Maximo Llantada. Trataban de que el consistorio contratara a D. Ambrosio Meigoya para ocupar el cargo de maestro de enseñanza de solfeo para los niños de Algorta. Además, y como ya estaban próximos los exámenes finales de curso en las escuelas del municipio, acordaban repartir la misma cantidad a las cinco escuelas existentes en el mismo. El local en el que se instaló dicha escuela de solfeo fue en el antiguo salón de sesiones, comenzando a funcionar el día 18 de agosto de 1883.

Y en relación a la música, también fueron protagonistas en aquellos días los miembros de la Banda Municipal, que según el Ayuntamiento habían cumplido sus actuaciones del año, habiendo recibido el dinero estipulado para las mismas, que alcanzaba la cifra de 250 pesetas. Además fueron contratados para las actuaciones veraniegas, que iban desde el 24 de junio hasta el 30 de septiembre, en las que debían de tocar en las procesiones y festividades religiosas, así como en las noches de los meses de julio y agosto, por las que les iban a ser abonadas 500 pesetas.


A mediados de junio de 1883 se nombraba vigilante de la playa de Las Arenas, dependiente de la autoridad local del barrio, a D. Isidro de Inchaurtieta.

En el presupuesto económico de los años 1883-1884, se incluían las 104.195 pesetas que el Ayuntamiento recibió de la Tesorería de la Hacienda por los terrenos propios que habían sido vendidos. Para cuadrar el presupuesto el Ayuntamiento de Getxo tuvo que recurrir a empréstitos, que hubo que devolver, los cuales figuraban en una relación que el consistorio envió a la Diputación Provincial.

El 1 de julio de 1883 nombraba el consistorio a sus nuevos miembros. Al no existir ningún reglamento que fijara la forma de elección, lo hicieron mediante sorteo, quedando como sigue: Primer Edil D. Roque de Zabala, le seguían D. Pedro José Urquijo, D. Manuel Valle, D. Juan Bautista de Echevarria, D. Dámaso Ibarra, D. Ángel de Zabala y D. Manuel de Zalduondo. La misma contaba con otros ediles como D. Asensio Inchaurtieta, D. Andrés Larrazabal,

La distribución para las comisiones que se crearon, respondían a las siguientes funciones:

Hacienda e Instrucción Pública: D. Pedro José Urquijo, D. Ángel de Zabala y D. Dámaso Ibarra.

Fomento Deslindes, Policía Urbana y Rural: D. Asensio Inchaurtieta, D. Manuel Valle y D. Juan Bautista de Echevarria.

Regidor Interventor: D. Ángel de Zabala.

Cuidado de la Alhóndiga, toma de razón de vinos y otras bebidas, pan elaborado, leches, pesas y medidas de los establecimientos: Para este cometido acordaron repartirse las funciones, los ediles de dos en dos, durante los meses del año.

En la sesión municipal del 12 de julio de 1883 se daba cuenta del saldo existente a esa fecha de la Escuela de la Fundación de Niñas Pobres de San Martín de Algorta, el cual ascendía a 5.848,70 reales.

Y como todo no iban a ser saldos favorables, la nueva llega del Obispo de la Diócesis para visitar a sus administrados e impartir la Confirmación, el consistorio decidía preparase para el recibimiento. El cual se realizó mediante el lanzamiento de cinco docenas de volanderas (cohetes), la limpieza de las calles por las que iba a transitar el prelado, intervención de la Banda de Música Municipal y el alquiler de un coche del tranvía para que el séquito municipal pudiera acompañar al Obispo. Aquellos gastos fueron consignados en el capítulo de imprevistos.


En la próxima entrada veremos cómo en una sesión municipal se leía la solicitud del Club Náutico de Bilbao para que el Ayuntamiento de Getxo encabezara, “con alguna cantidad decorosa”, la instalación de una Estación de Salvamento de Náufragos en el Puerto de Bilbao. Y cómo la temporada de verano, que ya estaba llamando a la puerta, veía cómo la prensa local anunciaba la apertura de baños en el establecimiento de “Baños de Mar Bilbainos”.

domingo, 6 de mayo de 2018

ACONTECERES DEL ÚLTIMO CUARTO DEL SIGLO XIX EN GETXO -35-



En la anterior entrada veíamos los enfrentamientos entre los poderosos hacendados y el Ayuntamiento al tratar estos de pasar por encima del Consistorio, acudiendo a los favores del Gobernador. Y cómo en marzo de 1883 se anunciaba, con carteles colocados por el pueblo, la feria de ganado en la campa de Alango. En esta veremos cómo el cementerio de Algorta (La Campa del Muerto) se había quedado pequeño, y cómo los vecinos pensaron en comprar un terreno cercano a éste de propiedad particular para ampliarlo; y cómo el ganado pastaba por los jardines próximos al tranvía, en Las Arenas.

Para mediados de abril de 1883, los vecinos y concejales ya eran conscientes de que el cementerio de Algorta (Campa del Muerto) se había quedado pequeño, y pensaron en comprar un terreno cercano a este de propiedad particular para ampliar el cementerio, y para poder realizar: “...«un lugar independiente y decoroso para las personas que mueran fuera de la religión católica»...” Pero aquella obra para la que el consistorio pidió ayuda para abonar sus costes, a la Junta de Fábrica de la Parroquia de San Nikolás, no tuvo buena recepción por parte de ésta, ya que contestaron negativamente. Así que el Ayuntamiento informaba a la parroquia que sus pretensiones de que: “...«tras amortizar el coste de la obra, se adjudique todo el Campo-Santo a la parroquia, ya que además lo prohibía la Real Orden 17 de junio de 1863»...”

El 18 de abril era recepcionada la nueva Casa Consistorial de San Nikolas, tras recibir el certificado de que las obras estaban terminadas por el Maestro de Obras D. Francisco Ciriaco de Menchaca. Las obras habían sido realizadas por D. Domingo de Aurrecoechea.


A finales de abril de 1883 parece que el ganado pastaba por los jardines próximos al tranvía, en Las Arenas, incluido el recinto de las cocheras, por lo que el Ayuntamiento acordó prohibir que toda clase de rumiantes (vacuno, caballar, mular, cerda, lanar, y cabrío, así como aves) pastaran por los mismos. El barrio y sus jardines, al parecer, o eran un lugar de engorde para toda suerte de animales, o el Ayuntamiento previsor para no tener que repetir las ordenes del Bando de Buen Gobierno, incluyó a toda la cabaña de labor y corral del municipio. Algunos de aquellos ejemplares de ganado lanar, cómo los corderos y cabritos de leche del país, vivos, y según la clase y tamaño, se cotizaban de 4,50 a 6 pesetas la unidad.

Por esas fechas el responsable del cementerio de Santa María de Getxo, que estaba junto a la iglesia del mismo nombre, solicitaba al Ayuntamiento diverso material para realizar sus funciones, entre aquellos materiales se incluían: “...«un caco, una zarda-pala solida de treinta centímetros de ancho, compuesta de siete hojas y con intermedio medio centímetro de hoja a hoja, además de una sierra para corte de mangos de ataúdes»...”

El 10 de mayo de 1883, el consistorio se daba por enterado, de un oficio del Gobernador de la Provincia, mediante el cual se informaba que: “...«con fecha del cinco del corriente, manifestaba haber concedido a la Compañía del Cable Submarino, que representa D. José Aparicio Fernández, el establecimiento de una nueva línea telegráfica subterránea entre Bilbao y Las Arenas»...” La noticia era recogida por el “Noticiero Bilbaíno” la víspera.


El 10 de mayo el regidor D. Ángel de Zavala, refiriéndose a la Cofradía de Mareantes del Puerto, planteaba ante el pleno municipal: “…«Que ha llegado a su conocimiento que la Cofradía de Mareantes del Puerto de Algorta, que en virtud de no se que derecho, se deja abandonados a los intereses locales de este pueblo o a sus gremiantes, puesto que el día 8 del corriente mes, habiéndose reunido en la Comandancia de Marina de Bilbao en Junta, con el Comandante de Marina, quedo acordado que el servicio de abordaje, que ahora se viene haciendo con toda libertad y en mejores condiciones para los pobres navegantes de alta mar, y en particular para los de ultramar, en esa junta se había acordado que se realizara por turno entre los prácticos»...” Al parecer el fondo del conflicto estaba en que los mareantes de Algorta habían incluido una cláusula, que beneficiaba a los del Puerto y por la que: “...«Solo ellos harán ese servicio, sin ocupar a ningún remero no práctico, ya que lo dispuesto en la misma no admite más de dos jóvenes de la clase de no prácticos en la lancha, quedando así solo para ellos, ese patrimonio quedando un numero considerable de remeros de aquí sin trabajo, que hasta ahora era libre, y las gentes del pueblo ganaban su pan, por lo que siendo iguales vecinos los que quedan abandonados, que son la mayoría, ruego a mis compañeros se disponga lo que sea más conducente a los interese locales»...” Tras un encendido debate acordaron llamar al Mayordomo de la Cofradía para que expusiera lo acordado en la Comandancia de Marina de Bilbao.

En mayo de 1883 se acordaba realizar un camino peatil para el transito de los vecinos desde la casa del finado Sr. Hormaechea hasta la campa de Alango, que a su vez iba a ver cómo su superficie era adoquinada con piedra traída desde la playa de Arrigunaga. Trabajo que como decían en el acta iba a ser realizado por un experto cantero.

En mayo de ese año 1883, la utilización de los fuegos de artificio, que tanto gustaban a los vecinos, eran estudiados al recibir una oferta del pirotécnico bilbaíno D. Ciriaco de Berastegui, en la que se comprometía a quemar por 500 pesetas, en las próximas romerías de la localidad. Además dicho artesano se comprometía a dejar un número importante de fuegos a disposición del municipio, así cómo seis libras de pólvora y ocho docenas de voladores de diversas clases.

El 23 de mayo de 1883, y en vista de que el cementerio para los no católicos no prosperaba, el Gobernador Civil amenazaba a los ayuntamientos que no cumplieran la Real Orden del 28 de febrero de 1872: “...«Sobre la construcción en lugares bien cerrados, inmediatos los cementerios e independientes de ellos, para inhumar a los que mueran perteneciendo a religión distinta de la Católica»...” El Ayuntamiento de Getxo acordaba que: “...«Sin más dilación se construya cerca del cementerio de Santa María, en terreno perteneciente al municipio, un cementerio cercado, con una puerta, para enterrar, por ahora, a los cadáveres de las personas que fallezcan en esta Anteiglesia, perteneciendo a religión distinta de la Católica»...” Y como la obra, a decir del consistorio, era de mucha consideración, se formó una comisión encargada del proyecto compuesta por los ediles D. Roque Zabala y D. Asensio Inchaurtieta.


En esa misma fecha se recepcionaban las obras del tranvía entre la carnicería y el Casino (desde la casa de D. Cipriano de Urquiola hasta D. Antonio Arrigunaga) , en la entonces Calle de la Carretera”, actual Algortako Etorbidea. Las obras fueron realizadas por el contratista D. Manuel Learra.

Y como la celebración del Corpus, que era al día siguiente, era un fiesta de gran relevancia en el barrio de Algorta, el Alcalde D. Manuel de Zalduondo, invitaba a toda la corporación a asistir a la función religiosa y procesión, que se iba a celebrar en la iglesia de San Nikolas de Bari de Algorta. Solamente declinó la invitación D. Roque de Zabala, ya que como habitante del barrio de Santa María, iba a acudir a la celebración que con ese motivo se celebraba en dicho barrio de Getxo.

En la próxima entrada veremos cómo algunas reclamaciones del secretario municipal de Getxo alanzaban a edificios religiosos de Portugalete y Bilbao. Y la solicitud de la Compañía “Direct Spanish Telegraph” para establecer una caseta habitable en Las Arenas, en el punto donde se encontraba amarrado el cable Inglés.